
9 A.M. Suena el despertador como de costumbre. Pero éste no es un día cualquiera, es miércoles, con todo lo que ello significa.
Luego de repasar los canales de música, se levanta de su cama para que comience una rutina que se conoce de memoria: un té de canela con leche y unas tostadas, que se enfrían demaciado rápido; un diario que contiene más noticias de política y economía de las que es posible soportar; un colectivo que no llega nunca... en fin, lo de siempre.
Pero es miércoles y por lo tanto, todo lo molesto, aburrido y detestable desaparece, cuando a primeras horas de la tarde cruza las puestas de "su facultad". No a la que asiste por una obligación académica, sino a la que va por gusto y de la que cada vez le cuesta más irse. Allí, se encuentra con sus amigos que están desde hace varias horas luchando por resolver algún que otro límite, o discutiendo para decidir quién está peor para el parcial que ya se acerca.
La tarde se pasa entre cafés con galletitas, fotos, bromas, risas, ejercicios de análisis (los cuales no extraña en absoluto) y algún que otro partido de pool, si la responsabilidad lo permite.
Las cuatro horas, vuelan como si se trataran de minutos y enseguida tiene que volver a la realidad, a las obligaciones, a la vida que eligió.
ANAK
