
¿Por qué mentimos? La respuesta es muy simple: por miedo. Miedo al rechazo, al dolor, a perder a algo o a alguien, en fin... a las consecuencias. El miedo puede ser el más paralizante de los sentimientos humanos, o el más transformador. Puede servirnos para escapar o para perdernos por siempre. Ese día ella tuvo miedo, miedo a perderlo antes de haberlo tenido. Pero no se paralizó, muy por el contrario, lo enfrentó a través de la mentira. Quizá no fue el mejor camino, pero en ese instante era el que podía vislumbrar y el único que se atrevía a seguir. Por cobardía escogió el medio más fácil, sin conocer las consecuencias. ¿Qué mal podía hacer? "Es algo inofensivo, una pequeña mentira que no perjudicará a nadie", se repetía para convencerse. Pero hay veces en que las personas nos sorprenden, y él la sorprendió. De repente se encontró con lo que había estado buscando sin saberlo, y lo había perdido para siempre...
ANAK
